El Convento de Santo Domingo el Real

Se trata sin duda de una de las edificaciones civiles más antiguas de la ciudad de Segovia y no han sido pocos los que han mostrado un vivo interés por ella. Hablamos del Convento de Santo Domingo el Real, situado en pleno casco histórico frente a la iglesia románica de la Trinidad.

El edificio pertenece a la orden fundada por Santo Domingo de Guzmán. Este famoso religioso a su paso por Segovia solía orar en una gruta cerca del río Eresma donde posteriormente se erigiría el convento de Santa Cruz (al que ya dedicamos otro post anteriormente). En lo tocante a la rama femenina de la orden, que nos ocupa, parece que su implantación en la ciudad de Segovia fue temprana a tenor de sucesivos privilegios otorgados por varios reyes que se van renovando y que se remontarían originalmente al siglo XIV según el profesor Antonio Ruiz Hernando.

Al parecer esta construcción, era, en el momento de su adquisición por parte de las dominicas a principios del siglo XVI, propiedad de Juan Arias de la Hoz. Desde el principio la propiedad, fundamentalmente la Torre de Hércules y su palacio anejo, se quedó pequeña y se hizo necesario adquirir también varios edificios contiguos. Su construcción es fundamentalmente de mampostería con altos muros de unos 8 metros con algunas curiosas saeteras que dan fe de su antigua función como casa-fuerte en la ciudad. La entrada a la iglesia está compuesta de sillares de piedra caliza y aún hoy se puede apreciar el arranque de un antiguo arco románico fagocitado por una construcción posterior.

Otra edificación destacada del conjunto que compone el convento es la Torre de Hércules, con la particularidad de albergar una extraña escultura que describiese en su día el cronista segoviano Diego de Colmenares (siglo XVII) seguramente basándose en la descripción que de ella le debió hacer alguna de las monjas. La escultura muestra a un puerco o jabalí y a lomos de éste una figura humana que se ha relacionado desde siempre con Hércules egipcio, según la leyenda fundador de la ciudad de Segovia, leyenda que se dio por buena durante varios siglos incluso por parte de afamados cronistas como el propio Colmenares.

Por último cabe mencionar las pinturas en la segunda planta del palacio, que guardan gran similitud con las que se pueden admirar en la Sala de Ajimeces en el Alcázar, realizadas en estuco crudo y ocre, obra de artesanos mudéjares en torno a los siglos XII – XIII en estilo románico-mudéjar, que constituyen un auténtico tesoro artístico.

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